sábado, abril 07, 2007

RD busca a otro Cristo

Jesús existió en una época de injusticias, de desigualdad, de corrupción, de esclavitud y de abandono de la clase pobre. Algunos dicen que Jesús fue el primer socialista del planeta, otros dicen que fue el primer comunista que enfrentó la oligarquía, y otros, que fue el hijo de Dios.
Hoy, igual que en la época de Jesús, nuestro país vive una época de injusticias, de desigualdad, de corrupción, de semi-esclavitud y de abandono de la clase pobre.
Evidentemente nuestro país necesita de otro Jesús.

  • Jesús pasó su vida combatiendo y condenando la injusticia, la desigualdad, la corrupción y el abandono de la clase pobre.
  • Jesús fue obrero y comunitario.
  • Jesús se solidarizó con el sufrimiento y calamidades de su pueblo.
  • Jesús, sabiendo que la extrema abundancia de los oligarcas causaba la extrema pobreza del pueblo denunció y combatió la insaciable acumulación de bienes por parte de los que ejercían el poder.
Nuestro país clama por otro Jesús.
  • Jesús combatió la usurearía por considerarla un acto criminal que pone en peligro el bienestar económico del pueblo.
  • Jesús fue enemigo de los ricos y de los comerciantes inescrupulosos por considerarlos como los causantes de la miseria del pueblo.
  • Jesús propulsó el bienestar colectivo y el derecho a la felicidad de todos.
  • Jesús predicó el amor y la igualdad entre los hombres con ejemplos.
Si, nuestro país clama por otro Jesús. Por un Jesús que, además de todo lo anterior, esté dispuesto y preparado a ser traicionado, a ser vendido por un puñado de oro, a ser humillado y a ser crucificado.

Tú puedes ser ese candidato. ¿Te animas?

Felipe Lora
7 de Abril de 200
7

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Jesus no fue un actor politico. Su metodo era una creencia que cambiara al hombre por dentro , de tal manera de que el ladron dejara de robar . Segun el , eso es posbile cuando el hombre abre su corazon a la Fe - El Espiritu Santo cambia al hombre - o sea Dios . El hombre no puede cambiarse a si mismo . Esto es el mensaje de Cristo .

De ahi su falta de voluntad de atacar al Imperio Romano por las armas - lo que el hizo , fue el cambio del imperio por dentro - cuando los duenos se cristiianizaron dentro del Imperio - liberaron a sus esclavos y estallo el precio de la mano de obra - creandose gravisimos problemas inflacionarios que hundieron al Imperio.

Un Jesus candidato que llegara al poder en Rep. Dominicana se encontraria con toda la corrupcion del poder que le cogeria a el tambien - un tinglado asesino de interes dispuestos a matar .

Unna alternativa, seria la escandinava , donde no hay ricos ni pobres- pero esto es una dictadura fiscal - el sistema fiscal es abierto y cualquier ciudadano puede inestigar y denunciar a su vecino .

No se puede montar un sistema fiscal como aqui en Rep. Dom , porque ese pais es riquisimo, como toda America Latina - los intereses de corrupcion son gigantescos. Mas facil fue aqui , donde esta parte del planeta esta congelada y todos tienen que apoyar, saliendo a flotte todos con todos - no habia riqueza - no habia intereses que se opusieran .

Otro ejemplo es Israel - que tiene una dictadura fiscal que aplasta a todos - se encuentran en la misma situacion que los escandinavos : el pais es pobre en si mismo - no tienen nada - pero es un pais que exporta de todo , tecnologia, a nivel de estadisticas , estan a la altura de Alemania , Francia , per capita.

Una revolucion marxista y crear al nuevo hombre socialista - eso ya se probo en Europa Oriental - el nuevo hombre socialista era un criminal y ladron , mucho peor que el hombre de la calle , era un hombre arrogante y capaz de denunciar a sus vecinos para conseguir beneplacitos y provechos del estado - y como vemos - no quedo ni resto del nuevo hombre socialista en Europa Oriental - lo podemos ver ahora .

El evangelio y Cristo , si , pero su reino no es de este mundo. Cristo no era idiota. El dijo : el reino de los cielos esta en tu corazon , tu eres ciudadano del reino que viene desde el momento en que crees el evangelio - pero ese reino viene , no es ahora .

Gran diferencia .

Mientras tanto, la humanidad cruje en la riqueza y pobreza .
Saludos.

Felipe Lora dijo...

Tal como lo expresé en el primer párrafo:

“Jesús existió en una época de injusticias, de desigualdad, de corrupción, de esclavitud y de abandono de la clase pobre. Algunos dicen que Jesús fue el primer socialista del planeta, otros dicen que fue el primer comunista que enfrentó la oligarquía, y otros, que fue el hijo de Dios.”



También podemos decir lo mismo de Gandhi (con relación a lo pacifista de su movimiento).



Aunque su reino no era (es) de este mundo, Jesús se involucró en actividades mundanas, no divinas. (Propia de este mundo).



El Jesús que deseo (a nivel político) es aquel que combata a los “ricos y los comerciantes inescrupulosos” y que castigue a los que violen las leyes dominicanas (pobres o ricos).



Además, para evitar que: “con toda la corrupción del poder que le cogeria a el también - un tinglado asesino de interés dispuestos a matar.”

Es que me aseguro de decir que el Jesús dominicano debe: “estar dispuesto y preparado a ser traicionado, a ser vendido por un puñado de oro, a ser humillado y a ser crucificado.”



Solo clamo, porque lo considero posible, una mejor distribución de los bienes de nuestro riquísimo país, más justicia, más amor y más humildad en nuestro pueblo.

Si así lo logramos, el trabajo será mucho mas fácil y placentero para el reino de cristo y del evangelio cuando este llegue.



Debe ser nuestro trabajo, el tuyo y el mío, preparar el terreno (más justicia, más amor y más humildad en nuestro pueblo, etc.) para la llegada del reino de Cristo.


Enhorabuena,


Felipe Lora

Anónimo dijo...

Completamente de acuerdo con tus palabras.
Desde el punto de vista tecnico , las sociedades escandinavas , con un fundamento miserable, en bienes naturales y climaticos - se han puesto a la cabeza del planeta - todo esto fundamentado en una gigantesca dictadura fiscal donde el sistema es abierto - nadie puede escapar porque es abierto y todos pueden ver . El secreto politico, de Estado , acuerdos secretos , no estan permitidos . Igualmente, la prensa libre y el parlamentarismo - todos vigilan - por ahora , funciona.

Yo no veo esto posible en Republica Dominicana , con sus gigantescas riquezas y por lo tanto corrupcion de las clases que quieren esas riquezas . Tampoco Cuba ha sido el modelo , ya que el pais quedo bajo las manos de una oligarkia partidista que vive a todo lujo y el pueblo convertido en esclavo miserable.

Yo no veo solucion .
No puedo decir que vea la solucion en un experimento donde La Iglesia se encarga de todo , ya que las cupulas de la Iglesia se enriquecen , al enriquecerse - el asunto se convierte en politica - los de arriba con sus chanchullos , y los de abajo.

Pensandolo - hay una alternativa no probada.
El anarquismo. ANARQUISMO no significa caos; sino autogobierno de cada comunidad; barrio donde todos se conocen y todos saben lo que para cada uno necesita y puede hacer por la comunidad . Esto no se ha probado ni se puede probar porque la corrupcion y los intereses - los que forman el sistema politico - perderian su poder .

El poder corrompe , todo el poder corrompe todo - poder total corrompe totalmente, poder totalitario corrompe totalitariamente.

Lo que veo en Escandinavia , es que los politicos van en metro y son desconocidos . El Rey mismo vive normal . Los que estan en el poder y mandan son los diferentes sindicatos - no partidos - ahi esta el juego y los acuerdos politicos - los que estan muy apegados y conocen el trabajo a nivel del suelo de fabrica.

No en politicos de clase alta con titulos de universidades extranjeras - aunque el poder necesita conocimiento - en cuanto la clase trabajadora llega a clase media , envian a sus hijos para tener la educacio que ellos no recibieron , convirtiendose estos hijos en la clase alta , gracias a su educacion , perdiendo el contacto con el nivel suelo . Clases sociales que luchan - donde la clase alta gana siempre , por su poder basado en el conocimiento.
Saludos.

Anónimo dijo...

SÓLO LA FILOSOFÍA COMUNISTA ES DEL REINO DE LOS CIELOS; PORQUE NADIE DIVIDE A NADIE CON CONCEPTOS, QUE NO SEAN DE AMOR COMÚN; QUIEN NO CULTIVO UNA JUSTICIA COMÚN, NÓ ENTRA AL REINO DE LOS CIELOS; SÓLO SATANÁS DIVIDE Y SE DIVIDE ASÍ MISMO.-

Sí hijito; sólo los que piensan igual, llegan al Reino de los Cielos; al planeta Tierra se le dió una escritura; en ella el Padre Jehova, el único Dios viviente, enseña que todos los hombres son iguales en derechos ante el Padre; si todos vosotros sóis iguales en derechos ante el Creador de todas las cosas, ¿porqué nó creásteis una doctrina común? vosotros hijos de la Tierra, prometísteis al Padre, imitarlo en la Tierra, por sobre todas las cosas; más, olvidásteis la promesa; porque cada uno pidió nacer de nuevo, para buscar una verdad más, en una perfección más; se nace buscando la verdad; la verdad suprema es el Padre; y de su verdad, han salido todas las verdades que las mentes puedan imaginar; porque nada en el Padre, tiene límites; cada uno de vosotros, es una verdad viviente; porque tenéis la herencia de la verdad-Padre; de verdad os digo, que la suprema verdad que queda en este mundo, sale de las escrituras del Padre; porque todo el universo creado, salió de su divina palabra viviente; la verdad de cada uno, es lo que pensó cada individualidad; de verdad os digo, que ninguno que nó pensó como pensó el Padre en sus escrituras, entrará al Reino de los Cielos; porque así lo prometísteis en el Reino de los Cielos; he aquí el significado del término: por sobre todas las cosas; de verdad os digo, que de todas las doctrinas ó filosofías que se han dado los hombres para gobernarse, vuestro Creador escoge la más despreciada; la más perseguida; la más calumniada; la que más lágrimas a costado; la que más sangre a derramado; escoge el comunismo terrenal; la filosofía salida del hijo del hombre; que significa Hijo del Trabajo; porque el Padre nó puede premiar a las filosofias explotadoras, ni en el más microscópico grado; escrito fué: ningún rico entra al Reino de los Cielos; es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, a que un rico entre al Reino de los Cielos; esta divina advertencia viene avisando a los llamados ricos, desde hace ya muchos siglos; más, ningún rico a hecho caso de ello; al contrario; crearon una filosofía demoniaca que divide a los hijos del Padre, en ricos y pobres; ni ricos ni pobres se conocen en el Reino de los Cielos; porque allí reina el comunismo celestial, con filosofía de niño; allí exsiste la igualdad; porque todos son iguales en derechos ante Dios; de verdad os digo, que ningún espíritu dividido, entra al Reino de los Cielos; sólo satanás divide y se divide así mismo; de verdad os digo, que por causa del llamado capitalismo, ninguna criatura humana, a entrado ni entrará, al reino del Padre; he aquí el llorar y crujir de dientes, de un mundo que fué engañado; un mundo que fué ilusionado; al grado, de hacerlos olvidar, la promesa hecha al Padre por sobre todas las cosas.-

Escribe: ALFA Y OMEGA

Por eso decimos:

VIVA CRISTO PRIMER REVOLUCIONARIO!!

Anónimo dijo...

1. EL CRISTIANISMO ES COMUNISMO

Que un cristiano se diga antimarxista, puede comprenderse. Hay numerosas variedades de marxismo, y es posible que ese cristiano se refiera a alguna de las muchas filosofías materialistas que se autodenominan marxistas aunque tienen muy poco que ver con Marx.

Que un cristiano se diga no sólo antimarxista sino también antiMarx, probablemente se debe a que no ha leído a Marx completo y su odio adolece de simple ignorancia. Pero, bien miradas las cosas, qué me importa. Yo no tengo ninguna obligación de defender a Marx.

Pero que un cristiano se diga anticomunista, eso ya es otra cosa y constituye sin duda alguna el mayor escándalo de nuestro siglo. No es buena idea empezar un libro con exclamaciones, pero alguien tiene finalmente que vocear las verdades más obvias e importantes que todo el mundo calla por sabidas.

La idea de comunismo está con todas sus letras en el Nuevo Testamento, al grado de que en estos veinte siglos nadie ha sido capaz de dar una mejor definición de lo que es comunismo que la que san Lucas formula en Hechos de los Apóstoles 2,44-45 y 4,32-35. La misma definición que Marx toma de Louis Blanc, –de cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades–, está inspirada si no directamente copiada de la formulación que Lucas redactó dieciocho siglos antes. No hay demostración más clara del lavado cerebral a que nos tiene sometidos el establishment (sistema de vida capitalista), que el hecho de que la concepción oficial y divulgada de cristianismo sea anticomunista.
En un momento en que dos tercios de Latinoamérica están subyugados por atroces dictaduras anticomunistas y el resto casi entero sufre represión anticomunista apenas disimulada, en un momento en que la política internacional de casi todos los países del mundo y el consiguiente armamentismo criminal se norman por la consigna contradictoria –Defender del comunismo a la civilización cristiana–, en un momento así no hay palabras para enfatizar suficientemente esta exclamación: ¡Pero si la iniciativa comunista en la historia de Occidente es iniciativa cristiana! ¡Pero si desde el siglo I hasta el siglo XIX nunca dejó de haber grupos cristianos que, aunque reprimidos por los poderes establecidos y por la iglesia, propugnaban comunismo con su Biblia en la mano! ¿Qué especie de locura se ha abatido sobre el mundo occidental para que combata como a máximo enemigo lo que es el proyecto cristiano por excelencia?

I. MALENTENDIDOS INTENCIONALES

Los marxistas últimamente nos han estado haciendo el favor de promover la idea en ausencia nuestra, en culpable ausencia nuestra, pero identificar comunismo con marxismo implica ignorancia crasa de la historia. No es cierto que el establishment esté luchando contra el materialismo ateo, como se dicen a sí mismos los poderosos para tranquilizar sus conciencias; esa su lucha represiva viene de mucho antes, existió durante muchos siglos en los que ningún comunista era materialista y ningún comunista era ateo, y ni siquiera existían el materialismo ni el ateísmo. El marxismo es un mero episodio en la historia del proyecto comunista. El Papa y los otros poderosos de la tierra no están combatiendo contra el ateísmo sino contra nosotros que somos cristianos, que creemos en Dios y en Jesucristo, y que lo único que queremos es realizar el Evangelio.

Es cierto, hay diferencias en la interpretación del Evangelio, y a ventilarlas se dirige el presente escrito. Pero entonces lo que impugnan los pudientes es una interpretación evangélica diferente de la suya, pues esa su impugnación es mera continuación de la que ya llevaban a cabo los pudientes durante la Edad Media y los tres primeros siglos de la época moderna. El denunciar el materialismo es un mero pretexto para la persecución anticomunista; si ese pretexto no existiera, los señores inventarían otro, como de hecho inventaron otro durante la Edad Media, y otros diferentes en el siglo XVI, y otros más en los siglos XVII y XVIII. Si el materialismo fuese la razón de la persecución anticomunista, ¿cómo se explica que persiguieran al comunismo desde mucho antes de que existiera el materialismo? No, lo que persiguen y reprimen es el comunismo en cuanto tal, ¡pero el proyecto comunista está defendido explícitamente en la Biblia como propio y característico del cristianismo, no lo inventaron ni los marxistas ni los grupos cristianos medievales o modernos!

Cuando la propaganda doctrinal oficial afirma que la idea comunista no es separable de las ideologías materialistas, está negando hechos tan evidentes e inocultables como la luz del sol: en el primer cristianismo y durante dieciocho siglos existió la idea comunista sin materialismo de ninguna especie. Y hoy mismo ¿qué relación lógica puede señalarse entre –tener todo en común– (Hechos 2,45) y negar la existencia y eficacia del espíritu? La verdad es precisamente al revés: que el comunismo no puede realizarse si no reconocemos la infinita respetabilidad de Dios en cada uno de los prójimos, también en los económicamente improductivos por invalidez o por edad o por subdotación natural. El fracaso del comunismo ruso tiene que ver con eso (en Rusia lo que hubo es capitalismo de estado). Entonces ¿por qué el cristianismo oficial hace la guerra contra una idea que está expresamente patrocinada en las fuentes del cristianismo y que lógicamente sólo puede realizarse a base de auténtico cristianismo? Negar la existencia del espíritu es más bien inseparable de buscar cada uno su propio provecho y ganancia egoístamente, como el capitalismo enseña. La tesis de que el comunismo no se puede separar del materialismo es una de esas falsedades monstruosas a la Hitler, que mienten con tanto mayor aplomo cuanto más falsas son. Examinada objetivamente, es la inversión diametral de los hechos reales.

Otro malentendido deliberado es sostener que los cristianos comunistas lo somos por moda o por adaptación a las corrientes progresistas o por acomodamientos a los tiempos nuevos o por afán de modernización. En nombre de mis hermanos de Latinoamérica declaro aquí formalmente que somos conservadores impenitentes: queremos el Evangelio a la letra. Nos parece detestable el principio oportunista de que el cristianismo deba irse adaptando y acomodando a las circunstancias cambiantes. Como si el cristianismo no tuviera un contenido propio que decir y que realizar. Rechazamos la debilidad mental según la cual el cristianismo tenía que ser romano en tiempos del imperio romano, feudalista en la Edad Media, absolutista durante la monarquía, liberal en tiempos de la revolución francesa, etc. Esa ductilidad se la dejamos a una iglesia a la que desde hace muchos siglos no le importa averiguar objetivamente qué es lo que Cristo quería realizar en el mundo. A la moda están ellos, los que nos reprimen: que hacen anticomunismo por adaptarse a la Trilateral y al Chase Manhattan. Nosotros por el contrario creemos que Jesucristo vino a salvar al mundo y no a adaptarse al mundo. ¿Seguidores de modas nosotros que no aceptamos otro criterio que el formulado en el siglo primero en las fuentes del cristianismo?
Quítense también la idea de que a nosotros, aunque no neguemos el espíritu, nos importe más lo material que lo espiritual. En primer lugar, el criterio final que Jesucristo dejó establecido como único es –tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era forastero y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, encarcelado y vinisteis a verme– (Mt. 25,35s). Si eso es preocuparse más por lo material que por lo espiritual, el pretendido espiritualismo oficial debe dirigir su acusación sin rodeos contra Jesucristo mismo. Y aquí se ve de nuevo que el enfrentamiento es de una interpretación de la Biblia contra otra, no de cristianos contra ateos. Con la diferencia de que nosotros tomamos el mensaje de Jesucristo a la letra y sin glosa.

Pero en segundo lugar, ¿la fidelidad irrestricta a Jesucristo es preocuparse más por lo material que por lo espiritual? ¿Nos quieren decir cómo vamos a darles de comer a todos los que tienen hambre si dejamos los medios de producción en manos privadas que necesariamente los destinan para el aumento del capital y no para la satisfacción de las necesidades de la población? ¿Sostienen que hay mayor espiritualidad en el egoísmo escapista de quienes se tranquilizan diciendo –Siempre ha habido muertos de hambre, no somos la divina providencia–, que en la decisión de los que quieren ser fieles a Jesucristo poniendo todos los medios para darles de comer a los hambrientos sabiendo que se exponen a la represión, a la cárcel, a la tortura? ¿Hay menos espiritualidad en arruinar uno su futuro y su prestigio social por tomar a Jesucristo en serio que en adaptarse al dulce encanto de la burguesía diciéndose –yo me dedico a las cosas espirituales–?

Incluso quítense la idea de que a nosotros, aunque no neguemos a Dios, nos importe más el hombre que Dios. Le hemos dedicado la vida a Jesucristo: ¿qué, según esos teólogos, Jesús de Nazaret no es Dios? Pero esta objeción antirrevolucionaria toca el punto más esencial, no, la esencia misma de la revelación bíblica. Entiéndase bien: lo único que los cristianos revolucionarios propugnamos es la adoración del Dios verdadero en contraste con la adoración de los ídolos que durante muchos siglos ha sido inculcada por una teología radicalmente desconocedora de la Biblia. Éste no es un tema que adecuadamente se enumere entre objeciones, ni siquiera es un tema; es el único motivo de nuestra rebeldía y el único contenido de nuestra teología. Nunca hemos pretendido hacer más que teología en el sentido estricto y literal de la palabra.

El Dios de la Biblia no es cognoscible directamente. Los ídolos sí. Tanto los ídolos materiales como los ídolos mentales, que son los más importantes. Hay quienes creen que, con solo poner en sus mentes la palabra –Dios–, ya están dirigiéndose al Dios verdadero. Pero éso es lo que la Biblia combate a muerte. El dios de esos adoradores es un concepto dentro de sus mentes; con ese acto intramental no trascienden su propia subjetividad, su propio psiquismo, su propio yo; mientras el Dios verdadero es trascendente o no existe. La alteridad constituida por el prójimo oprimido que nos interpela pidiendo justicia, ésa sí rompe nuestro solipsismo; sólo atendiéndola trascendemos. Por eso el Dios de la Biblia solamente es cognoscible en la alteridad, en la interpelación del pobre, del huérfano, de la viuda, del extranjero. Nuestro mensaje revolucionario no tiene más que este objetivo: que todos los hombres conozcan al único Dios verdadero, y conociéndolo se salven. Quienes nos acusan de anteponer lo humano a lo divino, no sólo calumnian; sobre todo ignoran. Pero con ignorancia supina de la Biblia misma.

Por último, quítense también la idea de que nos importa más la transformación de las estructuras que la transformación de las personas, lo social más que lo personal. Lo contrario es verdad. Nuestra revolución va dirigida hacia la creación del hombre nuevo; pero, a diferencia de los impugnadores, queremos poner los medios necesarios para esa formación del hombre nuevo. Y el medio indispensable es una nueva estructura social. ¿No es perfectamente obvio que el sistema social vigente tiene más eficacia educativa o deseducativa que las exhortaciones del aula o del templo? ¿Cuánto terreno puede conquistar la idea de que el hombre no ponga su corazón en el dinero y en las cosas materiales (o sea la idea central del Sermón de la Montaña) si el sistema social vigente le inculca a mazazos y so pena de muerte todo lo contrario? Quizás una minoría cuantitativamente insignificante puede en plan heroico resistir a los mandatos perentorios del sistema, pero al cristianismo le importan todos los seres humanos no puede contentarse con salvar a una minoría reducidísima. La mayoría no puede siquiera darle sentido de realidad al mensaje cristiano de fraternidad y de solidaridad con el prójimo, cuando la estructura social le impone so pena de aniquilamiento el buscar el propio interés caiga lo que caiga y sin preocuparse de los demás. El cambio de estructuras es un mero medio para el cambio de las personas, pero un medio de tal manera necesario y de tal manera obvio, que quienes no se preocupan prioritariamente por él, con ello sólo demuestran que su declamado anhelo de transformar a las personas es una palabra enteramente retórica.

Resumamos lo anterior. Son meras maniobras distractivas los cinco pretextos que el establishment usa para combatir sin escrúpulos al comunismo: identificar comunismo con materialismo y ateísmo, acusarnos de afán de modernidad y de moda; imputarnos falta de espiritualidad, achacarnos que nos importa más el hombre que Dios, atribuirnos mayor preocupación por las estructuras que por las personas. Es hora de dejar a un lado todas las escaramuzas laterales y centrarnos sobre el hecho fundamental: la Biblia enseña comunismo.

Josue: el_desenmascarador@yahoo.com

Anónimo dijo...

2- JESUCRISTO HIZO POLÍTICA

Reconectamos con el final del primer capítulo. Un Reino de Dios en el que se suprimen las clases sociales (Mc. 10,25; Lc. 6,20.24), un Reino de Dios que quiere –derribar a los gobernantes de sus tronos y exaltar a los humildes, llenar de bienes a los hambrientos y a los ricos despedirlos sin nada– (Lc. 1,52-53), no sólo implica sino es una transformación política de máxima envergadura. ¿De dónde sacaron, por todos los santos, la tesis de que el cristianismo no debe hacer política? Sostener el apoliticismo del Evangelio es sostener la no realización del Evangelio.
Evidentemente, fue la persecución de los primeros tres siglos, desatada por los señores de este mundo, la que orilló a los cristianos a presentar una versión del cristianismo que ya no provocara represión. Pero después ha habido tiempo de sobra para quitar de en medio esa comprensible versión oportunista y falsa, que se interpone entre nuestros ojos y los textos analizables objetivamente. En el siglo cuarto la iglesia despachó el Reino para otro mundo, asegurándoles a los señores de este mundo que podían estar tranquilos por lo que al Evangelio se refiere. Cuando la persecución hubo cesado, cuando la iglesia oficial hubo adquirido no sólo estatus sino estatus preponderante en la sociedad clasista, el miedo a la represión dejó de ser el motivo de esa falsificación del Evangelio documentalmente insostenible. Lo sustituyeron la propia conveniencia de los jerarcas y el miedo a un Evangelio que inequívocamente criticara la recién inventada estructura jerárquica de la iglesia: –Y no llaméis padre a nadie de vosotros sobre la tierra, pues vuestro padre es uno solo: el del cielo– (Mt. 23,9). Lo cierto es que, primero por miedo a la represión, después por miedo a la revolución, se siguió enseñando y dogmatizando una concepción del cristianismo que es, desde cualquier punto de vista, inconciliable con los textos.
Naturalmente, como los textos gritan por sí solos, se tuvo que llegar al extremo de inventar que la Biblia no es la única fuente de revelación divina sino que existe otra fuente a la que por de pronto se llamó tradición. Pero como la tradición de los llamados padres resultó ser tan subversiva como la Biblia (cf sección cuarta de nuestro capítulo segundo), se hizo que la famosa segunda fuente viniera a consistir, para todos los efectos prácticos, en la voluntad del Papa en turno. Todo un proceso teológico sociológicamente explicable, pero que tiene dos fallas impresionantes.

En primer lugar, lógicamente es un callejón sin salida. La autoridad de la iglesia necesita demostrarse. Y la demostración sólo puede estar en la Biblia. Pero ello significa que la Biblia tiene autoridad por sí misma y no necesita de la famosa segunda fuente para tenerla, pues de lo contrario la demostración de la autoridad de la iglesia sería un círculo vicioso rudimental. Y en segundo lugar, la segunda fuente, si es fuente de una misma y única revelación divina, no puede hacer nada si los textos de la primera se mantienen intactos. Los inventores de la síntesis teológica supradicha habrían debido modificar los textos. El resultado constructo doctrinal es lábil y explosivo porque los textos bíblicos se mantienen intactos. Hoy estamos en situación: como oficialmente se sostiene precisamente lo contrario de lo que demuestran los textos, la explosión es inevitable.

Decíamos que es inaudita la tesis de que el mensaje de Jesucristo no se mete en política. Esa tesis implica que no se ha entendido nada de los profetas y nada de la condenación intransigente de Cristo contra los ricos. El luchar por una sociedad en que no haya ricos y pobres no es una –opción preferencial por los pobres– como tontamente dicen Medellín y Puebla. No, si no es opción. Es obligación. Dan idea de que fue una decisión arbitraria de Dios o de la Biblia, que podría inculpablemente faltar. En la medida en que no se participa de esa lucha revolucionaria, se participa de los beneficios de una sociedad que esencialmente vive de explotar a los pobres y oprimirlos. La sola abstención de luchar es complicidad activa y usufructuante. La situación de los pobres es injusticia en el único sentido estricto y conmutativo de la palabra (cf nuestro capítulo segundo), en el sentido que obliga a restitución. Dios mismo está obligado, porque él echó a andar la máquina de la creación que ha resultado triturar los derechos estrictos de los pobres. Éstos no pidieron venir al mundo.

La tesis de que Cristo no se metió en política está negando precisamente los hechos históricos que con mayor seguridad científica conocemos. No me refiero sólo al testimonio de Suetonio que, en su Vita Claudii (25,4), describe a los cristianos como –impulsore Chresto assidue tumultuantes–, aunque ese documento bastaría. No. El hecho histórico más incontrovertible entre todos los que científicamente constan, es que Jesucristo murió crucificado, y que la crucifixión era el género de muerte reservado para los delincuentes políticos. Ningún investigador serio se abstiene de hacer constar esto último, pero citemos aquí solamente a dos. Johannes Schneider, en el artículo sobre la palabra staurós (cruz), TWNT VIII 573, dice:

En las provincias romanas el castigo de la crucifixión era uno de los más poderosos medios para la conservación del orden y de la seguridad. Los gobernadores hacían sufrir la muerte de cruz, propia de esclavos, sobre todo a los luchadores libertarios que pretendían independizar a sus pueblos de la autoridad romana.

Y para aducir también a un investigador católico, véanse estas palabras de Heinrich Schlier: –La muerte de Jesús en la cruz [...] es la muerte que la autoridad romana infligía a los –rebeldes y bandidos–.– (Die Zeít der Kirche, Herder, 1962, p. 59).

Para mayor confirmación, el letrero que Pilato hizo fijar en lo alto de la cruz de Jesucristo (INRI) individualiza el delito político como motivo del castigo de ese crucificado en particular. Comenta el católico Raymond E. Brown: –Todos los Evangelios concuerdan en que el cargo de ser pretendiente real fue inscrito contra Jesús– (The Gospel according to John, II, 919, Doubleday, 1970). Por otra parte, como observa Schlier, –de las palabras de Jesús sobre su reino, Pilato no podía inferir otra cosa sino que él era rey y que por tanto su acción atañía la esfera política. Y lo notable es que Jesús se lo concede: –Tú lo has dicho–.– (op. cit., p. 63). Jesucristo fue ejecutado como sedicioso político: este es un hecho que ninguna persona seria puede poner en duda, sea esa persona católica o protestante o agnóstica.

Mateo y Marcos nos informan, además, que Jesús fue crucificado entre dos –ladrones– (Mt. 27,38; Mc. 15,27). Ahora bien, ésa era la denominación despectiva que las autoridades daban a los rebeldes e insurrectos, como puede verse cotejando –Barrabás era ladrón– (Juan 18,40) con –el cual había sido encarcelado por un levantamiento y homicidio sucedido en la ciudad– (Lc. 23,19). Resulta que Jesús fue crucificado entre dos rebeldes y en fila con ellos, sólo que con mayores méritos que ellos, por eso lo pusieron en medio y con el letrero de su delito: ser pretendiente real. Sobre Jesús de Nazaret no hay ni un solo hecho histórico que sea más comprobable que éste: que hizo actividad política revolucionaria. En su estudio sobre las parábolas (The Jesús of the Parables, Filadelfia, 1948, p. 17) comenta muy bien C. W. F. Smith: –Nadie crucificaría a un maestro que contaba hermosos relatos para inculcar moralidad prudencial.–

Lucas nos narra un incidente por el que claramente se ve que Jesús no sólo tuvo dificultades con el gobernante de Judea, sino también, y antes de eso, con el gobernante de Galilea, que era Herodes Antipas:

En esa ocasión se presentaron unos fariseos diciéndole: –Sal y vete de aquí, que Herodes quiere matarte.– Y les dijo: –Vayan y díganle a ese zorro: Mira que echo demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día llego a mi fin. Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén– (Lc. 13,31-33).

Tres cosas son evidentes en esta pequeña perícope. Primera, la absoluta falta de respeto con que Jesús habla del gobernante; ése es el lenguaje de un rebelde, no de un súbdito obediente. Segunda, que Jesucristo mismo se daba cuenta de que su actividad y enseñanza eran de tal índole que le acarrearían pena de muerte. Y tercera, que no sólo el gobierno de Judea quiso matar a Jesús sino también el de Galilea; esto no se explica sino porque ambos veían en él un peligro político. La reacción de Herodes es confirmación anticipada de que Pilato no se equivocó: el movimiento popular que Jesús suscitaba tenía carácter evidentemente revolucionario.

Los evangelistas callan cosas, evidentemente. Y se comprende: su plan redaccional es presentar a Jesús como un mártir que fue asesinado contra toda razón y justicia. Pero si, a pesar del método omisivo que sistemáticamente los guía, se les filtran datos tan reveladores como el de que en los únicos dos territorios en que Cristo desarrolló actividad el gobierno trató de matarlo (y en el segundo con éxito), es porque el carácter revolucionario de las proclamas de Jesús constituye un hecho histórico macizo imposible de disimular.
Y adviértase que también los otros dirigentes judíos se dieron cuenta de ese hecho. Llegado un cierto momento en el desarrollo de la actividad de Jesús, hicieron este análisis: –Si le dejamos que siga así, todos creerán en él, y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar y nuestra nación– (Juan 11,48). No había por qué temer que a los romanos les pareciera mal el movimiento de Jesús, si éste no implicara amenaza para el gobierno vigente. Repito la observación de C. W. F. Smith: –Nadie crucificaría a un maestro que contaba hermosos relatos para inculcar moralidad prudencial.– No veo qué sutilezas puedan valer contra los datos que hemos mencionado. La afirmación de que el Evangelio no hace política es una de las tesis más enajenadas de la realidad que hayan sido formuladas.

Pero necesitamos profundizar el carácter subversivo del mensaje de Jesús. ¿Cómo podía ser apolítico su mensaje si –el Reino de Dios– significa que el que reina es Dios y no los hombres?
Pilato era romano, concedido. Pero téngase muy en cuenta que el Gobernante de Galilea no era romano sino judío. A los zelotes les molestaba que los romanos gobernaran a Israel; Jesucristo iba mucho más lejos que los zelotes; Jesucristo dejaba todo nacionalismo completamente fuera de sus planteos; por eso el pueblo judío acabó abandonándolo y prefiriendo a los zelotes. Cuando Lucas resume sobre el Reino: –derribó a los gobernantes de sus tronos– (Lc. 1,52), no se trata de gobernantes romanos sino de cualquier clase de gobernantes. Jesucristo era incomparablemente más fiel a la genuina tradición bíblica que todos los revolucionarios judíos de su tiempo. No pueden reinar Dios y los hombres al mismo tiempo: eso es lo que enseña la más antigua tradición bíblica. Véase Jueces 8,22-23:

Y los israelitas dijeron a Gedeón: –Gobiérnanos tú y tu hijo y tu nieto, pues que nos has librado de la mano de Madián.– Pero Gedeón les dijo: –No os gobernaré yo y no os gobernará mi hijo, sino que Jehova os gobernará.–

Cuando se fundó la monarquía en Israel, la Biblia expresamente nos advierte que eso se hizo contra la voluntad de Dios:

Desagradó a Samuel esta palabra que dijeron: –Danos un rey para que nos juzgue.– Y Samuel oró a Jehova: Y dijo Jehova a Samuel: –Haz caso del pueblo en todo lo que te diga pues no te han rechazado a ti, me han rechazado a mí para que no reine sobre ellos– (1Samuel 8,6-7).

La exégesis neotestamentaria no puede legítimamente suponer que Jesús careciera de la inteligencia para discernir en la Biblia la más auténtica y antigua enseñanza de Dios acerca del gobierno, cuando basta leer los libros del Antiguo Testamento en el orden sucesivo en que están recopilados para saber que esos dos párrafos (el de Jueces y el de Samuel) son lo primero que la Biblia enseña sobre gobierno. Pero además tenemos la palabra explícita de Jesucristo: –Nadie puede servir a dos señores, porque o bien odiará al uno y amará al otro, o se adherirá al uno y despreciará al otro– (Mt. 6,24). ¿Qué tiene de extraño, entonces, que cuando Cristo proclama que –ha llegado el Reino de Dios– (Mc. 1,15), su mensaje sea lo más subversivo que se haya proclamado en política? Lucas, en el texto del Magníficat que hemos citado, interpretó con perfecta fidelidad el sentido revolucionario del Evangelio de Cristo.

Desde el punto de vista sistemático es de notar que este anarquismo radical (que no es anarquía) es muy coherente con lo que vimos en los dos capítulos precedentes. Donde no hay riqueza diferenciante, donde la actividad económica se destina directamente a la satisfacción de las necesidades y no al intercambio ni a las operaciones de compra-venta con ganancia, el gobierno se vuelve innecesario. Esto tampoco lo inventaron Marx y Engels, como puede verse por los textos bíblicos citados.