lunes, julio 12, 2010

La Policía y Yo

El primer encuentro ocurrió cuando tenía entre 12 y 13 años.
Caminaba orgulloso cruzando el Parque Duarte, en Santiago, llevando mí primer intento al hombro. Me encaminaba hacia la etapa final de un proyecto que había empezado varios días atrás.
La hora del duelo entre el delicado papel y el despiadado viento del Monumento había llegado y estaba ansioso por saber el resultado.

Caminaba orgulloso, mostrándole al mundo el resultado de las muchas horas de trabajo ajustando, corrigiendo, pegando insignificantes pedazos de papel. Pedazos que combinados formarían el majestuoso símbolo nacional.
Había llegado la hora del despegue y estaba ansioso.
Pero, el tan esperado ascenso no ocurrió. No ocurrió gracias a un miembro de la Policía Nacional quien, como la fiera que asecha a la presa indefensa, se lanzo contra mi persona y en voz amenazante dijo: “Pase esa chichigua. ¿Ute no sabe que eta prohibido volai chichigua en la ciudad?”
Atónito y lleno de terror quedé paralizado. Traté de correr pero mis piernas no me respondieron.
“Pero señor, es en el monumento donde la voy a volar” dije tímidamente.

Sin escucharme, el policía extendió su mano izquierda logrando agarrar el centro de gravedad del artefacto mientras que con la derecha arrebataba el bollo de cáñamo.

En un segundo, mi sueño de ver mi primera chichigua volando quedo destrozado.
Todo el tiempo empleado, todos los recursos invertido, todos los desvelos imaginándome el majestuoso símbolo patrio volando con gallardía y esplendor en el espacio aéreo santiaguero habían sido truncado por la acción de un miembro de la Policía Nacional.

Ese día, la Policía Nacional, representada por ese simple miembro, quien probablemente leía como quiera, mató mi proyecto, mató el respeto que tenía por la policía y dejó plantado el terror en la mente de un niño que hoy, como adulto, se une al reclamo popular en contra de los excesos y brutalidad policial bajo el lema, “Policía, no me mate”.

Felipe Lora
12 de julio del 2010

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