viernes, marzo 25, 2011

¡Yo vivo de mis arepas!

Primero la alegría, y luego, un sentimiento de orgullo seguido por una larga sonrisa.\
Había seguido los consejos de quienes me invitaron a ver un segmento del programa de Nuria. En éste, presentaron la historia de Anderson Joel Rivas, un niño de 11 años que ayudaba a su madre con los gastos del hogar, vendiendo arepas en las calles de la capital.

El segmento no contó con libreto, tampoco hubo investigación. Se limitó a mostrarle al pueblo que todavía existían dominicanos con cualidades que muchos creían extintas. El segmento mostró a un dominicano que se valorizaba, a un ciudadano con orgullo, con temple y con convicción.

Por eso la alegría, y luego, el orgullo seguido por la larga sonrisa.

Luego reflexioné y pensé en las palabras de introducción de Judith, la presentadora.

“Aunque vende arepas en las calles de Santo Domingo, al igual que un gran porcentaje de los niños pobres de nuestro país, ¡se ha negado a ser como todos los demás!”

O los comentarios de los demás entrevistados quienes insistían en ayudar al niño “abofeteándolo,” repetidamente, con el humillante “dao.”

Y pensé en el deterioro moral y la falta de civismo que existe en nuestro país, donde ser honesto y trabajador te pueden convertir en una celebridad de la noche a la mañana.
¡Que confundidos estamos, que confundidos!

Por suerte ahí estaba Anderson, quien elevándose por encima de todos los confundidos, explicaba claramente su posición diciendo: yo vivo de mis arepas.

Felipe Lora
25 de marzo de 2011

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