domingo, julio 10, 2011

Huelga y algo más

Recuerdo que en noviembre del 2003 el pueblo dio un ejemplo de madurez y mostró que, unido, podía hacer uso de una huelga general para expresar su disgusto ante las medidas económicas del entonces presidente Hipólito Mejía.

En un hecho sin precedente, la iglesia, los empresarios, los comerciantes, los profesionales, los políticos aprovechados, los políticos serios, los hombres de palabras, los de pelo en pecho, los guapos, los cobardes, los obreros, los echa día, los desempleados, los analfabetos, los enfermos, los sanos, los chóferes, los pasajeros, las amas de casa y hasta el perro y el gato, actuando dentro del marco democrático de aquella época, se unieron con una sola voz, para expresar la frustración y el descontento del pueblo dominicano.

En aquella ocasión, Hipólito acusó al PLD de “estar soltando unos pesitos” para costear la huelga, mientras que el PLD responsabilizaba a Hipólito de la materialización de la protesta, por la “desastrosa y desacertada política económica implementada en su gestión”.

Hoy, con los papeles cambiados, todo sigue igual.

La huelga de noviembre del 2003 fue para protestar por deterioro político, social y económico en que el gobierno del PRD había sumergido al país.

La rapidez con que nuestro pueblo era empeñado a través de préstamos, la impunidad de los ladrones de cuellos blancos, la transformación de nuestro país en el edén de los corruptos, la devaluación de nuestra moneda como consecuencia de los bonos, el alto número de desempleado, el deterioro del sistema de salud y el educativo, el abandono del campo y el alto índice de criminalidad, entre otros males, fueron la clave de la unidad.

Hoy, 8 años después, nos preparamos para repetir aquel ejemplo de unidad y civilismo y con el grito de ¡huelga, huelga, huelga! , denunciaremos los mismos males y haremos las mismas exigencias que hicimos durante el gobierno de Hipólito y del PRD. La única diferencia es que esta vez los responsables son Leonel y el PLD.

Es una burla al pueblo, el patrón de sordera que presentan los partidos en el poder y sus gobernantes ante los justos reclamos de la ciudadanía. No se dan cuenta de que están provocando que la población descubra que, para que sus reclamos sean escuchados, necesitaran hacer uso de huelga y algo más.


Felipe Lora
10 de julio del 2011

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