miércoles, febrero 27, 2013

27 de Febrero: Un año Después


El año pasado no celebré el 27 de febrero como la hacía antes.

No celebraré pues no me sentía merecedor del júbilo que crea tal actividad. Al contrario, me sentía avergonzado,  me sentía parte de los responsables de la terrible situación moral, social y económica que existía, en aquel entonces,  en la patria de Duarte.

Me preguntaba, “¿cómo puedo, un 27 de febrero, celebrar si no he sido capaz de enfrentar a los enemigos de la patria, que también son los míos? ¿Cómo puedo celebrar si, viendo como negocian nuestra soberanía y limitan nuestra independencia, me ha faltado el coraje y el valor para defenderla?”

 Pensaba que celebrar me convertía en un farsante o en un ciego que no quería ver.
¿Con que cara podía yo celebrar sabiendo que en aquellos mismos instantes, existían traidores,  potencias extranjeras  y multinacionales  que nos privaban de nuestros recursos, destruían nuestro delicado pero majestuoso ecosistema y nos despojaban de nuestra soberanía,  mientras yo, por cobardía y/o conformismo, me hacía de la vista gorda?

¿Celebrar qué?, me preguntaba.  ¿Que había permitido que los buenos y verdaderos dominicanos fueran víctimas de las maquinaciones de los traidores mientras, por falta de valor o por ignorancia, me quedaba de brazos cruzados permitiendo tales atropellos?


Además, pensaba,  ¿cómo podía salir a celebrar, sabiendo que los violadores de las enseñanzas e ideales duartianos se pondrían, ese mismo día, el disfraz de patriotas y se mezclarían con el pueblo en busca de la foto perfecta, digna de salir en las portadas de los diarios nacionales?

Pero eso fue hace un año.

Hoy, con un presidente, producto de un gigantesco y descarado acto corruptivo, y dedicado a pagar el alto precio de su “elección” con el sudor y la sangre de los más desposeídos; hoy, con el pueblo alzado en protesta contra los contratos mineros que atentan con nuestra estabilidad ecológica; hoy con los maestros, médicos, obreros y campesinos en pie de lucha por simples reivindicaciones vuelvo a cuestionar mi participación en estas “celebraciones”.

¿Están dadas las condiciones para dejar correr, libremente, la euforia digna da un pueblo libre de toda potencia extranjera?

¿Podré desplegar mi júbilo cuando en nuestra justicia servil, los casos de corrupción se esfuman o se olvidan? ¿Sería prudente hacer sonar los cascabeles de la alegría, cuando las grises nubes del entreguismos se posan sobre nuestra Bahía de las Águilas, nuestras cordilleras y nuestras playas?

Hoy tampoco celebraré. Hoy me revisaré para saber por qué, un año después de prometer participar activamente en la defensa e implementación de los valores duartiano, todavía no existen las condiciones que me permitan celebrar, con dignidad y con júbilo, la Independencia de nuestra República Dominicana.

Hoy no celebraré. Al contrario, con tristeza,  le pediré al pueblo que hoy celebra, que me perdone por no haber logrado mi objetivo.

Quizás, solo quizás, el próximo 27 de febrero no tendré que volver a excusarme.

Felipe Lora
Otro 27 de febrero

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