sábado, febrero 28, 2015

Otro 27 de febrero que no celebré


Este año tampoco celebré la Independencia.

¿Cómo podía yo celebrarla si, viendo como manipulan el inhumano racismo, no tuve el coraje de enfrentar a los manipuladores, ni la  suficiente elocuencia para convencer a los que venden su odio de que esas acciones encaminan el país hacia un terrible enfrentamiento entre hermanos?

¿Celebrar, mientras muchos de los que sueñan con largarse del país venden su absurdo y disparatado nacionalismo a un grupo que los manipula con la intención de proteger “reputaciones” de corruptos degenerados mientras el gobierno, con los mismos objetivos, se hace el chivo loco?

El pasado 27 de febrero no fui capaz de dar muestra de júbilo sabiendo que, en nuestra justicia servil, los casos de corrupción se esfuman o se “olvidan”. Tampoco creí prudente hacer sonar los cascabeles de la alegría, cuando las grises nubes del entreguismos se posan sobre nuestras cordilleras y nuestras playas.

¿Con que cara podía yo celebrar el 27 de febrero,  sabiendo que en aquellos mismos instantes existían traidores,  potencias extranjeras  y multinacionales  que nos privaban de nuestros recursos, destruían nuestro delicado ecosistema y nos despojaban de nuestra soberanía,  mientras yo, por cobardía y/o conformismo, me hacía de la vista gorda?

 ¿Celebrar qué?, me preguntaba.  ¿Que había permitido que los buenos y verdaderos dominicanos fueran víctimas de las maquinaciones de los traidores mientras, por falta de valor o por ignorancia, me quedaba de brazos cruzados permitiendo tales atropellos?

El pasado 27 de febrero no celebré, pero prometo hacer todo lo que esté a mi alcance para que el próximo 27 de febrero, con la frente en alto, celebrar la independencia de nuestro pueblo del absurdo nacionalismo, del oscurantismo, de la xenofobia, del odio, de los corruptos nacionales, de las voraces transnacionales y de todos males y prejuicios que nos mantienen estancados en el subdesarrollo.

Felipe Lora

28 de Febrero

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